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La Indignante Corrupción

La Indignante Corrupción


La irritación de la sociedad española ante la aparición de nuevas prácticas corruptas desde los altos escalones del poder político o desde sus aledaños, amén del rechazo social que produce, puede incluso tener dos lecturas bien diferentes:
 
Para unos pocos, la indefensión de la gente de la calle frente a estos atropellos es una cruda realidad que, aunque intolerable, sitúa a algún ciudadano en una posición de tener que asumir que la corrupción forma parte de la normalidad, argumentando su postura en la constante aparición de escándalos de este tipo que acaban por pasar desapercibidos en el tiempo, dado el tratamiento de tibieza y exasperante lentitud de los tribunales en los procesos de investigación y aplicación de sanciones conta los autores de estas prácticas delictivas.
 
Para la gran mayoría de ciudadanos, la situación es intolerable; la ignominia moral de algunos que les conduce a la corrupción ya muy arraigada en nuestra sociedad, avergüenza a la opinión pública y exige poner en práctica los mecanismos del estado de derecho para enfrentarnos a ella has defenestrarla definitivamente. El Estado y si vds. quieren las Administraciones públicas, tienen a su disposición medios y recursos legales suficientes para que estos comportamientos se investiguen, afloren y se dicten resoluciones jurídicas ejemplares contra quienes cercanos a las instancias políticas se enriquecen ilícitamente, y de esta forma, puedan restañarse las heridas de la población que, enojada y avergonzada, las sufre.
 
Desgraciadamente los últimos episodios de corrupción no son un fenómeno aislado en nuestro país, y la población dice que "esto debe terminar" o "hasta aqui hemos llegado" la indignación ha subido de tono ante semejantes atropellos que ponen en evidencia la falta de control e inoperancia en la aplicación de una legalidad tibia en sus sanciones y con unos tribunales excesivamente lentos en su funcionamiento.
 
Indigna pero también decepciona, la falta de reacción inmediata y contundente desde los organos del poder político para usar el bisturí y extirpar la raíz ese virus político o económico que desde dentro de las esferas publicas ha infetado nuestra moral social. La indecencia de unos pocos salpica a otros muchos que posiblemente nada tienen que ver con la suciedad de la corrupción y crea un clima de malestar; ¿y que hacen los partidos políticos? la guerra dialéctica para tratar de despedazarse entre ellos; mas nos valdría que en lugar del reproche continuo y recíproco se preocuparan en dedicarse de una vez por todas a actuar contra la corrupción con la mayor firmeza, transparencia y ejemplaridad, poniendo orden en su propia casa, porque seguramente todos tienen mucho que callar; poner orden en su casa y hacer cumplir la legalidad con todas sus consecuencias ante los comportamientos punibles, solo así la opinión pública empezará a creer en quienes gestionan os altos estamentos del Estado, en cualquiera de sus administraciones o instituciones públicas y si de paso se quitan la vendam de los ojos y el tapón de los oidos y construyen con imaginación puentes de entendimiento que nos saquen de la crisis, mucho mejor.


Joaquín Tejera
 

Publicado
el 22-01-2013